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ORÍGENES · MITO Y ARQUEOLOGÍA · SIGLO VIII a.C.

La Fundación de Roma: Entre el Mito y la Arqueología

En el año 753 antes de Cristo —según la tradición romana establecida por el anticuario Marco Terencio Varrón en el siglo I a.C.— Rómulo mató a su hermano gemelo Remo y trazó con un arado el surco sagrado que definiría los límites de la nueva ciudad. Este acto fundacional violento, impregnado de simbolismo ritual y de la sangre del primer homicidio entre los ciudadanos de Roma, estableció desde el primer momento la tensión entre el orden y la violencia que definiría la historia de la ciudad durante los mil años siguientes. Pero ¿qué hay de histórico en este relato? ¿Qué nos dice la arqueología sobre los orígenes reales de la ciudad que conquistó el mundo conocido?

La respuesta, como suele suceder cuando el mito y la historia se encuentran, es fascinante y más compleja de lo que ninguna de las dos narrativas —la puramente mítica y la puramente escéptica— podría sugerir. Roma existió antes de ser "fundada". El Palatino, el Esquilino y el Capitolio —las colinas sobre las que la tradición sitúa los primeros asentamientos— muestran señales de ocupación humana continua desde al menos el siglo X a.C., un siglo y medio antes de la fecha tradicional de fundación. Pero algo ocurrió en el siglo VIII a.C. que transformó una serie de aldeas de pastores en la embrión de una ciudad. Y ese algo es el núcleo histórico del mito de la fundación.

El Mito: Rómulo, Remo y la Loba

El mito de fundación romano es extraordinariamente elaborado y está lleno de capas que los propios romanos fueron añadiendo a lo largo de siglos. En su versión más completa, tal como la transmite Tito Livio en el prefacio de su monumental historia de Roma, la ciudad fue fundada por Rómulo y Remo, hijos de Marte —el dios de la guerra— y de Rea Silvia, una vestal de la familia real de Alba Longa, la ciudad latina que era la madre de Roma en la tradición mítica.

Rea Silvia fue obligada a convertirse en vestal —sacerdotisa que debía mantener la castidad— por su tío Amulio, que había usurpado el trono de Alba Longa a su hermano Numitor. Al quedar embarazada de Marte, Amulio la encarceló y ordenó que los gemelos fueran arrojados al Tíber. Pero el río estaba crecido y los bebés no llegaron al agua principal: quedaron en la orilla, donde fueron amamantados por una loba —la famosa Lupa Capitolina, imagen que se convertiría en el símbolo más reconocible de Roma— y luego encontrados y criados por el pastor Fáustulo y su esposa Acca Larentia.

Cuando los gemelos crecieron, derrocaron a Amulio, restauraron a Numitor en el trono de Alba Longa, y decidieron fundar su propia ciudad en el lugar donde habían sido salvados. El conflicto sobre cuál de las colinas sería la sede de la nueva ciudad —el Palatino de Rómulo o el Aventino de Remo— se resolvió con un presagio de los dioses: Rómulo vio doce buitres, Remo solo seis. Romo trazó el surco fundacional, Remo lo saltó burlándose, y Rómulo lo mató. "Así perecerá cualquiera que salte mis murallas", dijo Rómulo, y la primera ley de Roma fue escrita en la sangre de su cofundador.

La Roma arcaica
Reconstrucción de la Roma arcaica del siglo VIII a.C. Las excavaciones arqueológicas han revelado una aldea de chozas de adobe y paja en el Palatino que corresponde aproximadamente a la fecha de fundación tradicional del 753 a.C.

La Arqueología: Lo Que la Tierra Revela

Las excavaciones arqueológicas sistemáticas en Roma, iniciadas a finales del siglo XIX y continuadas con creciente sofisticación tecnológica hasta el presente, han revelado una imagen que es al mismo tiempo una confirmación parcial y una complicación del relato mítico. El Palatino muestra efectivamente señales de un asentamiento que experimenta una transformación significativa en el siglo VIII a.C.: las chozas de adobe y paja que han sido identificadas en la cima de la colina son consistentes con la fecha de la fundación tradicional.

El descubrimiento más relevante fue el de una cabaña oval en el Palatino, conocida como la "Choza de Rómulo" —Casa Romuli en latín— que los romanos históricos identificaban como el lugar donde había vivido el fundador y que mantenían cuidadosamente restaurada como santuario. La arqueología moderna ha encontrado en ese lugar evidencias de estructuras del siglo VIII a.C., aunque si esta estructura específica es la misma que veneraban los romanos históricos es imposible establecerlo con certeza.

Más revelador es el análisis de los patrones de asentamiento del Lacio en el siglo VIII a.C. Las aldeas dispersas de las colinas romanas muestran en este período signos de una integración creciente: las necrópolis que habían estado separadas comienzan a converger, los objetos de intercambio sugieren un comercio más intenso entre comunidades vecinas, y hay evidencias de un espacio público común —el Foro, en el valle entre las colinas— que va siendo gradualmente organizado y monumentalizado. Este proceso de sinecismo —de agrupación de comunidades separadas en un único organismo urbano— es exactamente lo que la tradición mítica llama "fundación de Roma".

Influencias Etruscas y Griegas

Uno de los aspectos más fascinantes de la Roma arcaica es el peso de las influencias externas en su formación. Los etruscos —la civilización más avanzada de la Italia preromana, ubicada en la actual Toscana— tuvieron un papel determinante en la transformación de Roma de aldea a ciudad en los siglos VII y VI a.C. La tradición romana preserva el recuerdo de esta influencia en la figura de los reyes etruscos de Roma: Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio, los tres últimos de los siete reyes tradicionales de Roma, son presentados como de origen etrusco o con fuertes vínculos con la cultura etrusca.

Los etruscos aportaron a Roma la arquitectura monumental en piedra, el sistema de alcantarillado urbano —la famosa Cloaca Máxima, que todavía funciona parcialmente bajo Roma—, el urbanismo planificado, y muchos elementos de la cultura visual romana que durarían siglos: la toga, las fasces, los lictores, el juego de gladiadores. También transmitieron el alfabeto griego que los etruscos habían adoptado de las colonias griegas del sur de Italia, y que Roma transformó en el alfabeto latino que se convirtió en el sistema de escritura del mundo occidental.

Las colonias griegas —la Magna Grecia— del sur de Italia fueron igualmente determinantes. La influencia griega sobre la religión romana, la literatura, la filosofía y el arte es tan profunda que Roma nunca dejó de reconocerla, aunque a veces con cierta ambivalencia: los romanos admiraban la cultura griega y la adoptaban mientras proclamaban la superioridad de las virtudes romanas. Horace lo expresó con precisión en sus versos: "Grecia conquistada capturó a su fiero conquistador."

"Roma no fue fundada en un día. Fue el producto de siglos de integración de comunidades, influencias y tradiciones distintas. El mito de Rómulo y Remo es el momento en que los romanos eligieron dar nombre y forma a ese proceso gradual."

— Mary Beard, SPQR: A History of Ancient Rome, 2015

La República: El Legado Político de los Orígenes

La expulsión de Tarquinio el Soberbio en el 509 a.C. y el establecimiento de la República romana es el punto donde el mito y la historia se encuentran con mayor claridad. Aquí tenemos instituciones que podemos estudiar —los cónsules, el Senado, las asambleas populares— y una cronología de eventos que, aunque a veces distorsionada, tiene un núcleo histórico sólido. La República romana que surgió de la expulsión de los reyes etruscos no fue una democracia en el sentido ateniense: fue un sistema oligárquico donde las familias patricias —las grandes familias aristocráticas— controlaban las instituciones políticas y militares.

Pero la República contenía también los gérmenes del conflicto que la torturaría durante siglos: la lucha entre patricios y plebeyos por el acceso al poder político, que se desarrolló a lo largo de los siglos V y IV a.C. en el proceso conocido como "conflicto de órdenes". Este conflicto, resuelto gradualmente mediante la admisión de los plebeyos a las magistraturas y sacerdocios antes reservados a los patricios, fue el laboratorio donde Roma desarrolló su extraordinaria capacidad para absorber y integrar diferencias —una capacidad que sería clave para la expansión posterior.

Los orígenes míticos de Roma —violentos, ambiguos, llenos de fratricidio y rapto y guerra— moldearon el carácter que la ciudad proyectaría al mundo: una civilización que nunca resolvió completamente la tensión entre el orden legal y la violencia fundacional, que construyó las instituciones políticas más sofisticadas de la Antigüedad y al mismo tiempo las destruyó repetidamente mediante la guerra civil. La loba que amamantó a Rómulo y Remo era la diosa que presidía tanto la fundación de la ciudad como sus guerras de conquista: una imagen perfectamente apropiada para una civilización que haría de la guerra y el derecho los dos pilares de su identidad.

s. X a.C.
Primeros asentamientos en las colinas del Lacio. Comunidades pastoriles en el Palatino y el Esquilino.
753 a.C.
Fecha tradicional de fundación. El sinecismo de las comunidades del Palatino crea el embrión de la ciudad.
s. VII-VI a.C.
Influencia etrusca transforma Roma: alcantarillado, arquitectura monumental, escritura, gladiadores.
509 a.C.
Expulsión de Tarquinio el Soberbio. Establecimiento de la República. Los cónsules reemplazan al rey.

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Fuentes y Referencias Científicas

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