El Año de los Cuatro Emperadores
El año 69 después de Cristo es conocido en la historia como el "año de los cuatro emperadores": en doce meses, cuatro hombres diferentes ocuparon el trono de Roma. Galba fue asesinado por los pretorianos en enero. Otón se suicidó en abril tras ser derrotado en combate. Vitelio fue arrastrado por las calles de Roma y ejecutado en diciembre. Solo el cuarto, Vespasiano, sobrevivió lo suficiente para dar nombre a una nueva dinastía y restablecer el orden. Este año de caos político y guerra civil reveló una verdad sobre el Principado que Augusto había tenido mucho cuidado en ocultar: el poder imperial no descansaba sobre ningún principio de legitimidad constitucional sólido, sino sobre el consentimiento —o el miedo— de los ejércitos.
La Muerte de Nerón y el Vacío de Poder
El año de los cuatro emperadores comenzó con la muerte de Nerón en junio del 68 d.C. Nerón —el último de la dinastía Julio-Claudia, que había ascendido al trono a los dieciséis años y gobernado durante catorce— había alienado sucesivamente a prácticamente todos los grupos de poder de Roma: el Senado, al que trataba con desprecio y del que ejecutaba miembros arbitrariamente; el ejército, al que había descuidado; y finalmente la Guardia Pretoriana, que le retiró la lealtad cuando el gobernador de Hispania, Servio Sulpicio Galba, se rebeló y comenzó a marchar hacia Roma. El Senado declaró a Nerón enemigo público; Nerón huyó y se suicidó con ayuda de un liberto, pronunciando, según Suetonio, las palabras: "¡Qué artista muere conmigo!"
La sucesión debería haber sido simple: Galba era el candidato del Senado y del ejército de Hispania, un veterano general de setenta y un años con un historial respetable. Pero Galba cometió tres errores fatales en los primeros meses de su reinado. Primero, se negó a pagar la donación que había prometido a los pretorianos al inicio de su rebelión. Segundo, ejecutó a oficiales y senadores considerados rivales sin juicio formal, sembrando el terror entre la clase política. Tercero, adoptó como sucesor a Pisón Liciniano —un noble de buena familia pero sin experiencia militar ni base de apoyo— ignorando al ambicioso Marco Salvio Otón, que se había unido a su rebelión esperando ser el heredero.
Otón y Vitelio
Otón reaccionó a su exclusión de la sucesión comprando literalmente la lealtad de los pretorianos. El 15 de enero del 69 d.C., Galba fue asesinado en el Foro mientras sus guardias abandonaban al anciano. Otón fue proclamado emperador por los pretorianos. El Senado, siguiendo su habitual pragmatismo, lo ratificó al día siguiente.
Pero al mismo tiempo, en Germania, las legiones del Rin habían rechazado renovar el juramento de lealtad a Galba al comienzo del año —la tradición quería que el primer día del año los ejércitos renovaran el juramento al emperador— y habían proclamado a su propio candidato: Aulo Vitelio, un hombre de familia noble pero de reputación mediocre al que sus propios soldados habían elegido más por su accesibilidad que por su genio militar. Los ejércitos de Germania marcharon hacia Italia.
Otón organizó una resistencia pero fue derrotado en la batalla de Bedriac, cerca de Cremona, en abril del 69. Su respuesta a la derrota fue la que los romanos consideraban la más heroica disponible: el suicidio. "No arriesgaré más vidas romanas en causa perdida", dijo, y se clavó un cuchillo. La grandeza del gesto fue reconocida incluso por sus enemigos. Vitelio entró en Roma como vencedor.
Vespasiano y el Fin del Caos
Mientras Otón y Vitelio se disputaban el poder en Italia, en Oriente los ejércitos que combatían la Gran Revuelta Judía —que había comenzado en el 66 d.C.— proclamaron a su comandante Tito Flavio Vespasiano como nuevo candidato imperial. Vespasiano no era un aristócrata: era el hijo de un recaudador de impuestos de clase media, cuya carrera militar había sido brillante pero cuyo origen humilde era un tema de burla en la corte romana de emperadores como Calígula y Nerón.
La ventaja de Vespasiano era que tenía detrás de él los ejércitos más veteranos y mejor organizados del Imperio. Sus aliados en el Danubio actuaron primero: las legiones panonias marcharon hacia Italia, derrotaron a Vitelio en la segunda batalla de Bedriac (octubre del 69), y tomaron Roma en diciembre. Vitelio intentó negociar una rendición pero fue capturado por la muchedumbre, arrastrado por las calles y ejecutado. Vespasiano, que seguía en Oriente, fue informado que era el nuevo amo de Roma. Regresó con calma y comenzó a gobernar con la eficiencia de un buen administrador militar.
"El secreto del Imperio se había revelado: los emperadores podían ser hechos en otro lugar que no fuera Roma."
— Tácito, Historias, I.4
Las Lecciones del Año 69
El año de los cuatro emperadores tuvo consecuencias duraderas en la política imperial romana. La más importante fue la revelación de la dependencia del poder imperial sobre el ejército: sin el apoyo de las legiones, ningún candidato al trono podía sostenerse. Esta verdad —que Augusto había ocultado cuidadosamente bajo las formas constitucionales del Principado— quedó expuesta para que todo el mundo la viera.
La segunda consecuencia fue el fin del monopolio de la familia julio-claudia sobre el trono. Vespasiano y sus hijos Tito y Domiciano establecieron la dinastía Flavia, y con ello se estableció que el trono imperial no estaba vinculado a ninguna familia específica por derecho hereditario inmutable. Esta apertura tendría consecuencias tanto positivas —los mejores emperadores del siglo II d.C. fueron adoptados por sus predecesores por méritos, no por parentesco— como negativas: también significaba que cualquier general ambicioso con suficiente apoyo militar podía aspirar al trono.
La tercera lección fue más inmediata: la destrucción material que la guerra civil había causado en Italia, particularmente en el norte, donde las batallas de Bedriac habían asolado la región. Vespasiano tuvo que reconstruir físicamente parte de lo que la guerra había destruido, además de restaurar las finanzas públicas que los excesos de Nerón y el caos del 69 habían dejado en estado deplorable. Lo hizo con la eficiencia práctica que caracterizó su gobierno, y cuando murió en el 79 d.C. dejó un Imperio financieramente saneado y políticamente estable. Aunque también dejó el inicio de las obras del Anfiteatro Flavio —el Coliseo— como símbolo de la restauración imperial.
Fuentes y Referencias Científicas
- Tácito — Historias, Libros I-IV, s. II d.C.
- Suetonio — Vida de Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, s. II d.C.
- Kenneth Wellesley — The Year of the Four Emperors, Elek, 1975
- Barbara Levick — Vespasian, Routledge, 1999